La intervención de Daniela Vilar en el Congreso por la Ley de Glaciares quedó en el centro de la escena por el tono de su denuncia y por el gesto con el que buscó exponer lo que consideró una exclusión masiva de participantes. En plena audiencia pública, la ministra de Ambiente bonaerense cuestionó el desarrollo del debate y habló abiertamente de “censura”.
Antes de comenzar su exposición, Vilar desplegó sobre la mesa varias pilas de hojas impresas con nombres de personas que, según remarcó, se habían anotado para participar pero no fueron habilitadas para tomar la palabra. La imagen no pasó inadvertida y se convirtió en uno de los momentos más comentados de la jornada.
Según explicó durante su intervención, más de 102.000 personas se inscribieron para formar parte de la audiencia, aunque solo unas 400 pudieron exponer. Con ese contraste, buscó mostrar la magnitud de la exclusión y poner en discusión la legitimidad del mecanismo aplicado en el Congreso.
Una protesta visual en plena audiencia
La ministra detalló que cada hoja contenía 60 nombres y usó ese dato para reforzar su planteo. Señaló que, si cada uno de los inscriptos enviara una hoja similar, el volumen de documentación sería inmenso y, a su entender, imposible de ser leído con seriedad por las autoridades encargadas del debate.
Ese gesto convirtió la exposición en algo más que una declaración política. La escena funcionó como una denuncia pública sobre cómo se canalizó la participación ciudadana en una discusión sensible desde el punto de vista ambiental e institucional.
Cuestionamientos al proceso legislativo
En su discurso, Daniela Vilar en el Congreso por la Ley de Glaciares apuntó contra las condiciones en las que se desarrolló la audiencia. Sostuvo que hubo una omisión del reglamento y advirtió que miles de personas quedaron sin acceso efectivo a un espacio de participación que debía ser amplio y transparente.
Para la funcionaria, el problema no se limitó al procedimiento. También planteó que se afectó un derecho básico: el de ser escuchados en una instancia pública vinculada con una norma de alto impacto.
Rechazo a la reforma y advertencias por el impacto
En el marco de la audiencia, la ministra también expresó el rechazo de la provincia de Buenos Aires a la modificación de la norma y advirtió que el impacto podría ser grave y permanente. En ese sentido, sostuvo que apenas el 0,3% de los inscriptos logró participar efectivamente, lo que reforzó su denuncia sobre las limitaciones del proceso.
Además, alertó que la reforma pone en riesgo recursos estratégicos. Señaló que los glaciares ocupan menos del 1% del territorio nacional, pero concentran cerca del 70% del agua dulce. También mencionó el caso de la cuenca del Río Colorado, clave para el riego de unas 80.000 hectáreas en el sur bonaerense.
En esa línea, remarcó que no existe una contradicción real entre producción y cuidado ambiental, y advirtió que avanzar con cambios en la ley podría generar consecuencias irreversibles tanto para el abastecimiento de agua como para las economías regionales.
Tensión política y reclamos afuera del recinto
El clima de la jornada estuvo marcado además por protestas en las inmediaciones del Congreso. Allí se concentraron personas que no lograron ingresar, en medio de un operativo de seguridad que también fue cuestionado por Vilar durante su exposición.
En uno de los pasajes más duros, lanzó una frase directa contra quienes conducían el proceso: “Tengan un cachito de vergüenza”. Con esa definición, dejó en evidencia el nivel de tensión política que atravesó la audiencia.
Un debate que excede lo ambiental
La discusión se da en el marco de los cambios impulsados por el gobierno de Javier Milei sobre la Ley de Glaciares. Sin embargo, la exposición de la ministra bonaerense amplió el foco y puso el acento en la calidad democrática del debate legislativo.
En ese sentido, Daniela Vilar en el Congreso por la Ley de Glaciares no solo dejó una crítica al contenido de la discusión, sino también a la forma en que se resolvió quién podía participar y quién quedaba afuera.