Actuaba como una viuda negra
Soledad Verónica Guido, de 36 años, fue condenada tras ser acusada de robar a adultas mayores mientras trabajaba como cuidadora domiciliaria. La mujer pactó un juicio abreviado y recibió una pena de dos años y ocho meses de prisión en suspenso, luego de que la Justicia reuniera tres causas en su contra por distintos episodios de robo.
Soledad Guido recuperó la libertad la semana pasada después de permanecer cerca de dos meses detenida en el penal de mujeres de Ezeiza y en una alcaidía de la Policía de la Ciudad. La mujer de 36 años, oriunda de Villa Albertina, en Lomas de Zamora, llegó a un acuerdo judicial a fines del mes pasado en el Tribunal Oral N°22. Con ese trámite, volvió inmediatamente a la calle, ya que la condena que recibió no implica cumplimiento efectivo en prisión.
Según los registros de la AFIP la mujer figuraba dentro del rubro de servicios de salud humana. Se desempeñaba como cuidadora de pacientes a domicilio y trabajaba a través de distintas agencias, aunque ninguna la tenía contratada de manera formal.
Su trabajo consistía en asistir a personas mayores, pero entre noviembre de 2024 y junio de 2025 fue denunciada en tres expedientes de la Justicia porteña. En todos los casos, la acusaron de robarles pertenencias a jubiladas que tenía a su cargo e incluso de suministrarles sustancias para dejarlas inconscientes.
LA DETENCIÓN DE LA CUIDADORA
La Policía de la Ciudad la detuvo el 6 de enero en su vivienda. Poco después fue indagada, pero decidió no declarar. La investigación señala que el último hecho ocurrió el 25 de junio del año pasado, en un departamento ubicado sobre la avenida Santa Fe al 2500. Allí, una mujer de 89 años quedó como víctima.
De acuerdo con la imputación, Guido “le habría preparado el desayuno y suministrado una sustancia que le hizo perder el conocimiento para luego sustraer diversos bienes”.

La hija de la mujer encontró a su madre horas más tarde, sin capacidad de reaccionar. El portero del edificio la había llamado previamente, ya que había hallado las llaves del departamento tiradas en el palier. En la mesa de luz de la víctima quedó una taza de té a medio tomar.
Para ese momento, la cuidadora, que había sido enviada por una agencia de la zona de San Cristóbal a través de la obra social de la mujer, ya se había ido. También habían desaparecido $30 mil pesos, un celular Samsung y un pedazo de carne del freezer. La hija radicó la denuncia ese mismo día en la Comisaría 2B de la Policía de la Ciudad.
Ese episodio terminó por acelerar la investigación. Después de esa denuncia, el juez Martín Peluso, quien subrogaba el Juzgado N°2, resolvió unificar las otras dos causas abiertas contra Guido. Luego, el magistrado Darío Bonnano dictó su procesamiento con prisión preventiva en enero, apenas dos días después de su detención.
LAS PRIMERAS DENUNCIAS
La primera causa que enfrentó tuvo como víctima a una mujer de 91 años, abuela de la denunciante. Guido había llegado el 4 de noviembre de 2024 al departamento familiar en Parque Avellaneda para cuidarla durante el turno de 10 a 19 horas. La habían enviado, nuevamente, a través de una agencia. Según la denuncia, la cuidadora se retiró antes de lo previsto sin avisar y, al hacerlo, se habría llevado el iPhone 8 perteneciente al hijo de la denunciante.
De acuerdo con la condena, Guido volvió a quedar involucrada en otro episodio el 15 de abril del año siguiente. Ese día se encontraba en la casa de una mujer de 94 años en la calle Juncal. La hija de la paciente advirtió que su celular había desaparecido y decidió confrontarla. Guido negó cualquier responsabilidad. Sin embargo, poco después el teléfono, que estaba guardado en un cajón, comenzó a sonar dentro de un tacho de basura.

EL ROBO MÁS GRANDE
El hecho más importante ocurrió el 21 de julio en un departamento de la calle Sánchez de Bustamante. Allí vivía una paciente de 94 años que tiempo atrás había sufrido un ACV. La prepaga de la mujer había coordinado que Guido realizara tareas de cuidado en ese domicilio.
Según la denuncia, la cuidadora aprovechó la jornada para llevarse numerosos objetos. Entre ellos había una notebook marca Dell, tres pares de zapatillas, dos termos, el Chromecast del televisor y un secador de pelo. También sustrajo un iPad, dos cadenas de oro, prendas de vestir e incluso productos de la alacena y artículos de limpieza. Sin embargo, su accionar quedó registrado por las cámaras de seguridad del lugar, que filmaron toda la secuencia.
En ese caso, la situación de salud de la víctima tuvo peso en la calificación legal. Debido al ACV que había sufrido la paciente, la Justicia imputó a Guido por el delito de hurto “agravado por el infortunio particular de la damnificada”.