Virginia Bonilla fue una de las 59 aspirantes navales a enfermeras destinadas al Hospital Naval de Puerto Belgrano en 1982. Acaba de recibir una distinción y hace 44 años que ella y sus compañeras esperan un reconocimiento que sigue trabado en el Congreso.
Cuando la guerra de Malvinas empezó, en abril de 1982, un grupo de chicas que todavía estaba aprendiendo el oficio fue puesto a recibir a los soldados heridos que llegaban del Atlántico Sur. Eran 59 aspirantes navales estudiantes de enfermería de la Armada Argentina, destinadas al Hospital Naval de Puerto Belgrano, en Punta Alta, cerca de Bahía Blanca.
Muchas eran menores de edad. Algunas tenían entre 15 y 16 años. Recibieron a los heridos más graves del conflicto, entre ellos sobrevivientes del hundimiento del crucero ARA General Belgrano.
Una de ellas, Virginia Bonilla, vive en Turdera, partido de Lomas de Zamora.
La distinción en Caseros
Bonilla fue convocada el 17 de agosto —el día en que se conmemora el paso a la inmortalidad del General San Martín— para recibir una distinción en el Museo Contando Historias de Caseros. Según relató al diario La Unión, viajó especialmente desde Turdera para el acto, en el que fueron distinguidos otros ocho veteranos de Malvinas.
En diálogo con ese medio, contó que la reconocieron como veterana de guerra por su labor y su compromiso, y enmarcó la invitación dentro de una pelea de largo aliento por visibilizar el rol de las mujeres en el conflicto.
Sobre lo que hacían en 1982, Bonilla explicó a La Unión que las aspirantes vivían en la Base Puerto Belgrano, bajo mando militar, y que su tarea consistía en la selección de heridos para derivarlos a las distintas áreas del hospital. Ninguna pisó las islas. Para ella, eso no las corre de la historia: «luchamos para defender la vida de los soldados y curarles el alma», definió en una entrevista anterior con el mismo diario.
La orden de callarse
Con la rendición del 14 de junio de 1982 empezó, para ellas, una segunda etapa: la del silencio. La dictadura militar dispuso que no se hablara de lo visto ni de lo vivido en el hospital.
El costo fue alto. Muchas abandonaron la carrera de enfermería después de la guerra, cargando un trauma que nunca recibió atención institucional. Recién décadas más tarde, cuando algunas empezaron a buscarse entre sí, la historia comenzó a salir a la luz. Bonilla señaló a La Unión que se trata de las mujeres de las promociones 80, 81 y 82, que varias ya murieron y que las que quedan siguen insistiendo con el reconocimiento.
El libro «Mujeres Invisibles», de Alicia Panero, publicado en 2014, fue uno de los primeros trabajos en documentar el tema y terminó citado como fundamento de los proyectos legislativos posteriores. También se sumaron los documentales «Nosotras también estuvimos» y «Mujeres de Rojo», y la muestra fotográfica «Mujeres, Memoria y Malvinas», de María Elena Otero.
Homenajes hay; ley, no
En estos años el reconocimiento llegó por goteo y casi siempre en formato simbólico.
En 2013 el Consejo Nacional de la Mujer las condecoró. En 2014, en La Plata, fueron declaradas «Forjadoras de Paz». En 2019, la Comisión de Derechos Humanos del Parlasur organizó un homenaje. En 2022, por los 40 años de la guerra, hubo actos en varias legislaturas provinciales. Municipios de distintos puntos del país fueron entregando distinciones a las vecinas que habían pasado por Puerto Belgrano.
Lo que no llegó nunca es la ley.
En 2022, la diputada nacional Pamela Verasay presentó un proyecto para declarar el reconocimiento moral e histórico de las aspirantes navales y crear una pensión mensual vitalicia honorífica para las promociones 1980, 1981 y 1982 de la Escuela de Enfermería del Hospital Naval Puerto Belgrano que acrediten haber prestado servicio entre el 2 de abril y el 14 de junio de 1982.
En 2024, la senadora bonaerense Nerina Neumann Losada impulsó una iniciativa equivalente en el ámbito provincial.
Ninguno de los dos caminos derivó, hasta hoy, en una norma vigente que alcance al conjunto de estas mujeres.
La vía judicial: de a una
Ante el estancamiento legislativo, varias recurrieron a la Justicia. Hubo fallos que reconocieron a enfermeras como veteranas de guerra a los efectos de acceder al beneficio previsional, algunos incorporando perspectiva de género en el análisis.
El problema es que ese camino resuelve casos individuales, no la situación del grupo: obliga a cada mujer a litigar por su cuenta, con los costos y los tiempos que eso implica, a más de cuatro décadas de los hechos. Y el grupo se achica.

El aplauso en el Beranger
Hubo, sin embargo, un reconocimiento que no vino de ninguna institución. El domingo 16, en el clásico entre Temperley y Los Andes en el estadio Alfredo Beranger, Bonilla salió al campo de juego junto a un grupo de veteranos de Malvinas para desplegar una bandera, en una escena que evocó la que mostraron los jugadores de la Selección Argentina tras el partido con Inglaterra.
Contó a La Unión que escuchar el cántico de la tribuna fue emocionante y que el aplauso, como suelen decir entre ellas, funciona como «una caricia al alma».