Un grupo de vecinos y vecinas de Lomas de Zamora organiza «cenas callejeras», una iniciativa solidaria que busca acompañar a personas en situación de vulnerabilidad. Una vez por mes se reúnen en la Plaza Grigera y, además de compartir una comida entre todos, generan espacios de escucha, contención y compañía.
Lo que comenzó como un encuentro entre amigos para despedir el año con quienes más lo necesitan terminó convirtiéndose en una iniciativa solidaria que crece mes a mes en Lomas. La historia comenzó el 31 de diciembre de 2025, cuando un grupo de amigos decidió celebrar la noche de Año Nuevo en la Plaza Grigera. Algunos cocinaron, otros colaboraron con la organización y entre todos compartieron una cena abierta junto a familiares, amigos y vecinos. «Fue una cena muy linda. Eso fue lo que nos impulsó a decir: ˋ¿Por qué no hacemos algo más?´Que no se quede sólo en una cena de fin de año» recuerda Natalia, una de las participantes y colaboradoras de Cenas Callejeras. Esa experiencia fue el motor para reunirse nuevamente, organizarse y darle forma a un proyecto que, con el paso del tiempo, fue creciendo cada vez más.
Mucho más que una cena
«Nosotros decimos que nuestras cenas callejeras son cenas con amigos. Porque es una cena donde compartimos, donde bailamos, cantamos, donde comemos una rica comida entre todos; porque no es que ellos hacen una fila y agarran su vianda sino que nosotros les servimos mientras ellos escuchan música», cuentan desde la organización. Durante cada encuentro hay música en vivo, baile y distintas actividades recreativas. Una de las voluntarias, Vanesa, se encarga de coordinar los shows musicales y suele invitar a otros artistas para animar la jornada. «Cada cena es mejor porque ella canta, trae amigos que cantan y la gente canta también. Hacemos karaoke, bailamos tango, cumbia».

Además, pensando en los más chicos, incorporaron juegos y actividades infantiles. Entre las propuestas más populares que toman forma en la Plaza Grigera una vez por mes se encuentra el tradicional juego del sapo, que reúne tanto a niños como a adultos durante la noche. «Los chicos se enganchan mientras los padres escuchan música, comen. Estamos todos juntos compartiendo».

Quienes forman parte de Cenas Callejeras sostiene que las necesidades que observan en las personas que se acercan no se limitan únicamente a lo vinculado con la alimentación. «Necesitan ser escuchados y saber que a alguien le importa». A esa realidad se le suman las problemáticas sobre la falta de trabajo, las dificultades habitacionales y diversas situaciones de vulnerabilidad social y económica. Por eso, además de compartir aquella cena, los voluntarios intentan generar conversaciones, escuchar historias y construir vínculos que ayuden más allá de lo material.
«Muchos están en situación de calle y otros no, pero viven realidades muy difíciles. Lo que buscamos es que durante unas horas puedan olvidarse de esos problemas y disfrutar», señalan.
Un proyecto autogestivo
Actualmente, el proyecto está conformado por entre nueve y diez integrantes fijos, aunque también recibe la colaboración de amigos y vecinos que se suman en cada jornada. El funcionamiento es completamente autogestivo: para cada encuentro cuentan con la ayuda de comerciantes y vecinos que realizan diferentes donaciones. Verdulerías, carnicerías y colaboradores particulares aportan diferentes alimentos que hacen posibles las cenas un viernes por mes; mientras que una vecina llamada Adriana dona, siempre, los postres para quienes asistan.

En cada reunión se acercan entre 50 y 70 personas, aunque la cantidad varía según la fecha y la difusión previa. En las últimas jornadas, Cenas Callejeras comenzó a repartir folletos informativos en distintos lugares de Lomas, lo que permitió que más personas en situación de vulnerabilidad conocieran la iniciativa y se acercaran a ser parte.
Lo que necesitan para seguir adelante
A medida de que el proyecto crece, también aparecen nuevas necesidades. Hoy, el grupo busca conseguir elementos básicos para mejorar la organización de las jornadas, como mesas, gazebos, cacerolas, mecheros, cucharones, vasos y platos descartables.
«Hoy vamos consiguiendo cosas gracias a préstamos y colaboraciones de distintas personas, pero estaría bueno contar ya con nuestro equipo propio para poder seguir creciendo», explican desde Cenas Callejeras. Además, sueñan con poder ampliar el alcance, realizar más de una cena mensual e incorporar nuevas actividades comunitarias.