Un trabajo muy simbólico que homenajea a los combatientes de Malvinas
El papa León XIV celebrará misa con un cáliz hecho por manos del orfebre nacido en Lomas: Juan Carlos Pallarols. Sin lugar a dudas el artesano más reconocido de todo el país. Siempre presente en momentos históricos a través de su arte y su trabajo.
Nació en 1942 en una quinta lomense donde su padre había instalado el taller familiar. 83 años después, terminó la pieza que le entregará al papa: un cáliz y una patena hechos en parte con restos de municiones de la guerra de Malvinas.
“Lo estamos haciendo para él y se lo vamos a entregar a él”, dijo Pallarols en los últimos días, cuando mostró la obra en su taller de San Telmo.

EL CÁLIZ QUE HOMENAJEA A LOS HÉROES DE MALVINAS
Es un cáliz de plata bañado en oro, acompañado por una patena (que es el pequeño plato donde se apoya el pan durante la misa). En la base lleva, cincelados en relieve, los símbolos de las tres virtudes teologales: la fe, la esperanza y la caridad, un tema que el papa menciona seguido. “Es un cáliz sencillito, pero muy bonito” dijo Pallarols.
Para realizarlo, en un profundo y sentido homenaje a los veteranos, fundió restos de municiones de la guerra de 1982 y los incorporó a la pieza. Él lo llama “material de la paz”. Con esas vainas su taller ya había hecho pétalos de rosa, cruces y medallas.
Un millón de golpes de martillo: HECHO POR MILES DE ARGENTINOS
El trabajo llevó diez meses y no lo hizo solo. Durante ese tiempo, el cáliz y la patena viajaron por el país para que cualquiera pudiera dejarles su marca con un pequeño golpe de martillo o de cincel. Pasaron por escuelas, plazas, hospitales e instituciones religiosas. Uno de sus colaboradores, Stanislao, las llevó en moto a muchos de esos lugares. En el camino, la gente también fue dejando mensajes para el Papa en libros que acompañan la obra.

Un contador electrónico fue registrando los golpes. Pallarols calcula que participaron cerca de un millón de personas, aunque él mismo admite que no sabe si fueron 300.000, 400.000 o un millón. “No es una obra mía, es el resultado de miles de golpes de martillo que los argentinos dieron con fe”, dijo.
PALLAROLS: EL ORFEBRE DE LOMAS AL MUNDO
La historia de Pallarols con Lomas empieza antes de que naciera. Su padre, Carlos Pallarols Cuní, también orfebre, se cansó del ruido de Buenos Aires y mudó el taller de la familia a una quinta en Lomas de Zamora. Ahí nació Juan Carlos en 1942, el cuarto de ocho hermanos, en una casa grande donde vivían sus padres y sus cuatro abuelos. “En la mesa todos los días éramos catorce”, recordó alguna vez.
Vivían sobre la calle Boedo, cerca de la Municipalidad. En entrevistas de hace años contó que su tío tenía una sastrería en Laprida y que los bailes del barrio eran en el Club Atlético Los Andes. “En Lomas nos conocíamos todos, salir a la calle era una fiesta”, dijo.
En ese taller lomense aprendió el oficio jugando. A los tres o cuatro años, su abuelo, al que llamaba “Avi”, le dio una maderita y un punzón. “A él nadie le decía nada y agarraba material, hacíamos autitos”, contó. En 1949 ya hacía pequeñas figuras de San Martín. Su primer cáliz lo hizo en 1955.
LEGADO FAMILIAR: UN CÁLIZ PARA CADA PAPA
Pallarols es la sexta generación de una familia de orfebres de origen catalán que, según él, trabaja el metal desde 1715. “Mi familia le ha hecho un cáliz a cada uno de los papas que hubo desde hace 150 años hasta hoy”, dijo. Él mismo le entregó uno a Juan Pablo II en 1982, el año de la guerra.
Hizo catorce bastones presidenciales. El primero que diseñó él solo fue el de Raúl Alfonsín, en 1983; antes, su abuelo había hecho los de Hipólito Yrigoyen y Marcelo T. de Alvear. La tradición se cortó con Javier Milei: Pallarols se negó a cincelar en la empuñadura las figuras de los perros del Presidente, y el bastón lo hizo otro artesano.

Entre sus obras hay una réplica exacta del sable de San Martín, una rosa de plata para la reina Máxima de los Países Bajos y rosas de la paz hechas con balas de distintas guerras. Sus dos hijos son plateros, una nieta trabaja con él y varios de sus alumnos abrieron talleres en la Argentina, Estados Unidos y España. “Viven de este oficio”, resume.