Un vendedor ambulante cruzó las vías en Guernica cuando la formación arrancaba: Lo embistió el tren y el servicio del Roca quedó parado en hora pico
Eran las 19.30 del martes. La hora en que el andén de Constitución está lleno de gente que se quiere ir a su casa. En la estación de Guernica, partido de Presidente Perón, un vendedor ambulante habría intentado cruzar las vías justo cuando la formación en servicio del Tren Roca empezaba a moverse hacia Capital. El tren lo embistió.
A partir de ese momento, el servicio se paró. El ramal Alejandro Korn dejó de llegar a Alejandro Korn: durante una hora funcionó limitado entre Plaza Constitución y Glew. Guernica, San Vicente y Korn se quedaron sin tren en el peor momento posible del día.
Lee también:
- La Federación Argentina de Municipios rechazó los cambios en el régimen de Zona Fría
- Le pegaron a un maestro: 200 docentes hicieron paro

El hombre sufrió golpes de consideración, quedó consciente y fue asistido en el lugar. Del otro lado, miles de personas que habían terminado de trabajar se quedaron esperando una formación que no iba a llegar.
Una persona, una hora, cuatro estaciones sin servicio
Conviene decirlo con todas las letras: cruzar las vías cuando un tren está arrancando es peligroso y es una decisión de quien la toma. No hay excusa, no hay apuro que lo justifique y no hay contexto que lo convierta en otra cosa. Se cruza por donde hay paso habilitado, y no se cruza con la formación en movimiento.
El costo de esa decisión no lo pagó solo el que la tomó. Lo pagaron todos los que a las siete y media de la tarde de un martes estaban esperando el tren para volver a Guernica, a San Vicente o a Korn, y se enteraron en el andén de que el servicio del Roca llegaba hasta Glew y nada más.
Cómo seguir viaje
Como consecuencia, un montón de gente quedó parada en el andén de Glew buscando cómo seguir viaje: un remís, un colectivo, alguien que los viniera a buscar, o esperar. Una interrupción de una hora en el tren no dura una hora para el pasajero. Dura lo que tarde en resolverla por su cuenta: llegó cuando pudo.
Y la información llegó como llega siempre. Sin altoparlante, sin cartel, sin nadie en el andén explicando qué pasaba ni cuánto iba a durar. El que sigue la cuenta de información del Roca en redes se enteró; el resto lo fue deduciendo de los trenes que no venían.

Lo mismo había pasado unas horas antes
No fue la única vez que el Roca se cayó ese día. Cerca del mediodía, un hecho en la zona de la estación Monte Grande dejó al ramal Ezeiza funcionando solamente entre Constitución y Llavallol. El aviso de servicio salió a las 12.26 y el servicio se restableció ese mismo día.
Dos veces en una misma jornada. En las dos, el servicio volvió cuando el lugar quedó liberado. En ninguna de las dos hubo un reemplazo para el pasajero.
Por lo que se paga, y por lo que se recibe
Nada de esto pasa en un servicio cualquiera. Pasa en un tren cuyo boleto viene encadenando aumentos sin pausa, con una frecuencia que nunca volvió a ser la de antes, con el ramal Temperley-Haedo funcionando con vía única por obras, y con jornadas enteras de fallas como la del 18 de septiembre.
El pasajero del Roca paga cada vez más por un servicio que cada vez tiene menos margen. No hay formaciones de sobra, no hay unidades de reemplazo y no hay plan para cuando algo sale mal. Alcanza con una persona en las vías en una estación de Presidente Perón para que cuatro estaciones se queden sin tren en plena hora pico. El martes eso pasó dos veces.