El hematólogo lomense Matías Javier Carreras forma parte del equipo multidisciplinario de la UNSAM que trabaja en el desarrollo de una terapia CAR-T nacional: un tratamiento innovador que podría cambiar el abordaje de distintos tipos de cáncer y evitar que los pacientes deban viajar al exterior para acceder a esta tecnología.
La posibilidad de que Argentina desarrolle una terapia CAR-T propia representa un gran desafío a nivel nacional. Aunque este tratamiento ya se utiliza en países como Estados Unidos y distintas regiones de Europa, en el país todavía no existe un producto desarrollado localmente y quienes necesitan acceder a él deben hacerlo únicamente a través de ensayos clínicos específicos o viajando al exterior.
En este camino trabaja un equipo multidisciplinario de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), integrado por médicos, biotecnólogos e ingenieros. Entre ellos se encuentra el médico hematólogo lomense Matías Javier Carreras, quien participa del proyecto desde sus primeras etapas.
¿En qué consiste la terapia CAR-T?
La terapia CAR-T consiste en modificar genéticamente los linfocitos T -las células encargadas de la respuesta inmunológica- para que puedan reconocer y, posteriormente, atacar las células tumorales.
«La terapia CAR-T consiste en reprogramar genéticamente los linfocitos de los pacientes, es decir, las células inmunitarias, para combatir ciertos tipos de cáncer», explicó Carreras.
Inicialmente fue desarrollada para tratar enfermedades como la leucemia, algunos tipos de linfoma y mieloma múltiple; hoy se investiga su aplicación en enfermedades reumatológicas y distintos tumores sólidos.
Mientras otros países ya cuentan con tratamientos comerciales, Argentina todavía no dispone de una terapia CAR-T propia: «En Argentina no hay ningún producto comercial de CAR-T. Solamente se puede acceder en algunos hospitales seleccionados que participan de ensayos clínicos patrocinados por la industria» señaló el especialista.
Por ese motivo, el trabajo que lleva adelante la UNSAM busca sentar las bases para que el país pueda desarrollar esta tecnología de manera independiente. «En la UNSAM formamos un equipo multidisciplinario donde intervienen médicos, biotecnólogos e ingenieros para tratar de duplicar la experiencia que se desarrolló en otros países y poder avanzar con estas terapias», explicó.
El medico agregó que el objetivo es recorrer un proceso que demandará años de investigación y validaciones concretas antes de llegar a un producto nacional, pero que el impacto será muy grande. “El impacto que puede tener es muchísimo. Enfermedades que hoy en día no se pueden curar en un gran porcentaje podrían encontrar una cura y pacientes que hoy no tienen solución podrían tener una nueva oportunidad”, afirmó.
Hoy, quienes necesitan este tratamiento fuera de un ensayo clínico deben viajar a países vecinos, Europa o Estados Unidos; una posibilidad que resulta inaccesible para la mayoría de las familias debido a sus elevados costos.
Los desafíos que enfrentan
Actualmente el proyecto atraviesa una etapa inicial. Según explicó Carreras, ya se conformó el equipo de trabajo y ahora el principal objetivo es conseguir el financiamiento necesario y desarrollar la infraestructura adecuada.
“Se conformó el equipo capacitado para el proyecto. Ahora estamos buscando el financiamiento y la construcción de los espacios necesarios, porque son terapias vivas y requieren condiciones específicas para poder desarrollarse”, indicó.
La complejidad del procedimiento hace que no solo sea necesario contar con profesionales especializados, sino también con laboratorios preparados para manipular células humanas bajo estrictos estándares de seguridad y calidad.
Ciencia Argentina
“Para mí participar en este proyecto con gente tan inteligente y tan capaz es un honor y un privilegio para que la salud de los argentinos sea un poco mejor. Quizás no seamos nosotros quienes lo finalicemos, pero haber dado el puntapié inicial para que otros también se animen a participar es muy importante”, expresó Carreras.
El objetivo es claro: que una terapia que hoy solo puede encontrarse en algunos centros del mundo pueda, en un futuro, desarrollarse también en Argentina y convertirse en una alternativa accesible para miles de pacientes que enfrentan enfermedades oncohematológicas.