A principios del siglo XX, la modernidad no solo se abría paso sobre los rieles del ferrocarril o en las calles empedradas, sino que también llegaba desde el cielo. En aquella época de asombro e inventiva, los vecinos de Lomas de Zamora comenzaron a levantar la vista, maravillados por la aparición de enormes y silenciosos globos aerostáticos que cruzaban las nubes.
La ruta de los globos aerostáticos en la zona sur
La historia aeronáutica local guarda páginas dignas de una novela de aventuras. Todo comenzó cuando la zona sur se convirtió en un punto de referencia para los audaces aeronautas de la época. El 12 de mayo de 1910, el piloto A. Amoretti logró la hazaña de unir el barrio porteño de Belgrano con Lomas de Zamora a bordo de su majestuoso globo bautizado «Huracán». La fiebre por volar recién empezaba: apenas unos meses después, el 31 de julio de ese mismo año, el legendario Jorge Newbery surcó los cielos en el globo «Buenos Aires» y aterrizó triunfalmente en Banfield.

Los cielos lomenses se volvieron una ruta transitada. Otro intrépido piloto, E. Mazzoleni, realizó un viaje entre Banfield y Temperley a fines de 1910, y en abril de 1911 se elevó desde la mismísima cancha de Banfield para terminar su travesía en Florencio Varela.
Pero el entusiasmo de la sociedad local no se quedó solo en los globos. En 1912, cuando la Aeronáutica Militar daba sus primeros pasos en el país, se organizó una suscripción pública para comprar máquinas voladoras. Fiel a su espíritu vanguardista, el prestigioso Jockey Club de Lomas de Zamora aportó los fondos para adquirir uno de los doce primeros aviones que conformaron la dotación inicial de la Escuela Militar de Aviación en El Palomar.
El primer taxi aéreo de Lomas de Zamora: El ‘Golondrina’

Sin embargo, la perla más curiosa de esta historia llegaría unos años después. En 1920, la aviación comercial dio un paso artesanal pero revolucionario en la zona: el italiano Virgilio Mira construyó con sus propias manos un monoplano al que llamó «Golondrina». Con este frágil pero valiente aeroplano, Mira estableció el primer servicio de «taxi aéreo» de la región, uniendo Lomas de Zamora con Villa Lugano. Una proeza que demostró que, para los lomenses de antaño, ni siquiera el cielo era el límite.