Los ACV en jóvenes también requieren atención: una investigación realizada en Estados Unidos encontró que la incidencia entre personas de 20 a 54 años casi se duplicó en unas tres décadas. El trabajo refuerza la importancia de reconocer los síntomas y controlar los factores de riesgo a cualquier edad.
El estudio, publicado en la revista Neurology, analizó primeros accidentes cerebrovasculares en una región de cinco condados de Cincinnati y el norte de Kentucky. Los resultados corresponden a esa población estadounidense y no representan una medición de lo que ocurre en Argentina.
Qué encontró el estudio sobre los ACV en jóvenes
Los investigadores compararon seis períodos entre 1993 y 2020 e identificaron 2.076 primeros episodios en adultos de 20 a 54 años.
La incidencia pasó de 33,9 a 62,18 casos por cada 100.000 personas al año. El incremento se concentró en los ACV isquémicos, que aparecen cuando una obstrucción interrumpe el flujo de sangre hacia una parte del cerebro.
Además, el equipo encontró una mayor presencia de hipertensión, diabetes y fibrilación auricular entre los pacientes jóvenes a lo largo del período estudiado. Esta última es una alteración del ritmo cardíaco.
La investigación también registró una reducción de la proporción de pacientes que murieron durante los primeros 30 días: bajó del 11,7% al 9,4%. Sin embargo, la supervivencia puede acompañarse de secuelas que afectan la autonomía y requieren rehabilitación.
Cuáles son las señales de alerta
Los síntomas suelen comenzar de manera repentina. Entre las manifestaciones que requieren atención se encuentran:
- Asimetría o caída de un lado de la cara.
- Pérdida de fuerza o sensibilidad, especialmente de un lado del cuerpo.
- Dificultad para hablar o comprender.
- Pérdida o alteración súbita de la visión.
- Problemas para caminar, coordinar movimientos o mantener el equilibrio.
- Dolor de cabeza repentino, muy intenso y diferente del habitual.
Ante cualquiera de estas señales, hay que pedir asistencia médica de emergencia de inmediato, incluso si la molestia mejora o desaparece. Registrar a qué hora comenzaron los síntomas puede ayudar al equipo médico a decidir el tratamiento.
Cómo reducir el riesgo
La prevención de los ACV en jóvenes incluye controlar la presión arterial, la glucosa y el colesterol. También resulta importante evitar el tabaco, realizar actividad física y mantener una alimentación saludable.
Los controles médicos permiten detectar enfermedades que pueden pasar inadvertidas y definir el seguimiento según los antecedentes de cada persona. Ser joven no elimina el riesgo ni justifica demorar una consulta frente a síntomas repentinos.