Ocho meses después de la estafa que terminó en tragedia, la principal acusada declaró por primera vez ante la Justicia y negó todo
Marta Noemí Mitrovich, una de las tres mujeres acusada por la estafa de 14 millones de pesos a una peluquera de Ingeniero Budge, declaró este jueves ante el fiscal Ignacio Torrigino. Negó todos los cargos, aseguró que nunca recibió dinero de la víctima y responsabilizó a otra de las acusadas. Sigue detenida: la defensa pedirá arresto domiciliario y la fiscalía tramita la prisión preventiva y la elevación a juicio.
Rechazó los cargos en su totalidad. Sobre su actividad, sostuvo: «Soy vidente desde los 20 años». Respecto al dinero, el punto central de la acusación, negó haberlo recibido: «No recibí dinero de la peluquera. La chica me contó voluntariamente cosas de su vida privada».
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Y sobre la muerte de la víctima, declaró «Yo no sabía que se iba a matar. Si lo hubiese sabido, lo evitaba». En su versión, quien la llevó hasta la peluquería fue Nancy Yovanovich, otra de las imputadas en la causa, y la víctima compartió información sobre su vida privada por voluntad propia.
Cómo sigue su situación
Mitrovich continúa detenida y su defensa anunció que va a solicitar el arresto domiciliario. Por su parte, la fiscalía tramita el pedido de prisión preventiva y avanza hacia la elevación a juicio de la causa. Los siete meses que estuvo prófuga son el argumento con el que la fiscalía puede sostener el riesgo de fuga, que es uno de los fundamentos habituales para dictar una preventiva.
La causa arranca en enero de este año. Según la acusación, tres mujeres empezaron a frecuentar la peluquería de Merlín Díaz Silva, de 30 años, en Ingeniero Budge, y se ganaron su confianza. Le dijeron que su dinero estaba maldito y le propusieron un ritual de limpieza a cambio de sus ahorros.
El 20 de enero entregó 14 millones de pesos. Después, las mujeres desaparecieron y dejaron de responder. Días más tarde, Merlín Díaz Silva se quitó la vida.
Tres imputadas y siete meses de fuga
La causa tiene tres acusadas: Marta Noemí Mitrovich, Nancy Marina Yovanovich y María Silvia Mitrovich. La búsqueda tuvo episodios llamativos. En marzo, la Policía bonaerense allanó una vivienda de Castelar donde se creía que estaba escondida una de ellas: había escapado alrededor de una hora antes.
En mayo, con pedido de captura vigente, Marta Noemí Mitrovich se presentó encapuchada en una sede del ReNaPer del centro porteño, aportó datos falsos —entre ellos un domicilio en Corrientes—, renovó su documento y se retiró sin que el sistema la identificara. Los investigadores atribuyeron el episodio a desajustes entre los datos biométricos y la carga del registro.
Recién a fines de agosto fue detenida en San Ramón de la Nueva Orán, en Salta, donde según la investigación seguía ofreciendo el mismo tipo de servicios. El 1 de septiembre la trasladaron a Lomas de Zamora.
Un comisario imputado
Hay una arista del expediente que corre en paralelo y que explica en parte por qué la búsqueda se estiró tanto. En marzo fue detenido el comisario y abogado Leonardo Ponte Winsto, acusado de pasarle a las prófugas información sobre los allanamientos que se iban a realizar.
Está imputado por encubrimiento agravado e incumplimiento de los deberes de funcionario público. Fue excarcelado por el juez Gustavo Gaig, que valoró que no registraba antecedentes penales. Sigue imputado en la misma causa que instruye Torrigino.
Presunción de inocencia
Las tres mujeres y el comisario están imputados. Ninguno tiene condena, y hasta que exista una sentencia firme rige a su favor el principio de inocencia. La declaración de Mitrovich es su versión de los hechos y forma parte del expediente con el mismo estatus que la acusación: será la investigación la que determine qué se prueba y qué no.
Cómo funciona este tipo de maniobra
El esquema que describe la acusación es viejo y sigue funcionando, y conviene entenderlo porque el próximo caso se evita reconociéndolo a tiempo. No se apoya en la credulidad de la víctima sino en su momento. Casi siempre aparece cuando hay una enfermedad, una crisis económica, un duelo o una preocupación fuerte de por medio.
La secuencia suele repetirse. Primero hay un acercamiento paciente, que puede llevar días: alguien se vuelve cercano. Después aparece un diagnóstico —hay un daño, una maldición, un trabajo hecho en contra—. Luego una solución que exige dinero, y que rara vez es una sola vez.
Y por último el elemento que sostiene todo: el secreto. A la víctima se le indica que no lo cuente, porque contarlo rompería el efecto. Ese aislamiento es lo que impide que alguien cercano frene la maniobra a tiempo, y es también lo que hace que, cuando la persona se da cuenta, cargue sola con la vergüenza. Por eso la mayoría de estos casos no llega nunca a una denuncia.
Qué hacer si te pasa a vos o a alguien cercano
La estafa se denuncia. No hace falta abogado, no hace falta haber entregado una suma grande y no hace falta tener recibos: se denuncia igual, en la comisaría o directamente en la fiscalía. Y no hay ningún motivo para tener vergüenza. La maniobra está diseñada por gente que la practica hace años y que sabe exactamente dónde apoyarse.
Si alguien de tu entorno empieza a entregar dinero por un supuesto trabajo espiritual y pide que no lo cuentes, ese pedido de silencio es la señal.