Despedida que conmueve a vecinos
Después de seis décadas de actividad, el comercio Plásticos Boedo dejará de abrir sus puertas. Fundado en 1965 por una pareja de inmigrantes, la familia que lo sostuvo durante tres generaciones decidió finalizar el ciclo y cerrar una etapa histórica en el distrito.
El comercio abrió en octubre de 1965. Desde entonces, la familia construyó un proyecto que nació como una búsqueda de progreso y terminó consolidándose como un punto de referencia barrial.
Christian, su fundador, llegó a la Argentina tras escapar de conflictos bélicos en Europa. Primero trabajó vendiendo réplicas de pinturas, un rubro que tenía gran demanda en esos años.
Con el dinero ahorrado, resolvió invertir y, según explicó Alejandro, nieto de Christian: “Luego de ahorrar, quiso invertir el dinero y fue su pareja, es decir mi abuela Delfina, quien le recomendó que la inversión la haga cerca de su hogar: así fue que compró un local en Boedo al 200”.
EL ORIGEN DEL NEGOCIO
Con el local ya en su poder, Christian definió el rubro del negocio. Alejandro relató: “Él vio en la calle Corrientes un comercio que vendía artículos de plástico y que estaba por cerrar. Fue así que decidió comprarle un primer lote de palanganas para trasladar la idea a Lomas”.
A partir de esa decisión comenzó la historia de Plásticos Boedo. Christian trabajó junto a sus cuatro hijos y conformó la segunda generación al frente del comercio. Alejandro destacó que “el negocio tenía como fundamento común la unión familiar, el sacrificio y el pensamiento al unísono de querer progresar para tener un futuro mejor”.

El crecimiento llegó con el tiempo. En 1972, la familia sumó un segundo local contiguo y amplió el espacio original. Ocho años después finalizó una obra que mejoró el salón principal. Con esa estructura, el comercio ofreció una amplia variedad de artículos de plástico destinados a hogares, instituciones y empresas.
Ya en los años 2000, Alejandro se incorporó formalmente junto a tres primos para continuar con la actividad. En ese sentido, recordó: “A partir de los 2000 me uní al negocio junto a otros tres primos, continuando con el legado familiar, aunque cuando era pequeño también colaboré con mis familiares en algunas tareas”. Permaneció al frente del local durante más de veinte años.
El escenario cambió en 2019. Las crisis económicas sucesivas afectaron el funcionamiento del negocio y lo llevaron a sostenerse en condiciones de subsistencia. En ese contexto, Alejandro afirmó que “la receta del remedio llegó cuando el enfermo ya estaba cansado”, y la situación no permitió revertir la decisión de cerrar.
Cierre y despedida
La familia tomó la determinación tras un proceso de análisis. Alejandro explicó: “La decisión de cerrar el negocio fue un proceso. Hay que saber bajarse a tiempo para ir en busca de otros planes y, también, para acompañar el emprendimiento de mis hijos”.

En los días previos al cierre, los clientes se acercaron para despedirse. Alejandro contó: “Los clientes entienden la postura y vienen al local para agradecernos por estos 60 años de trabajo ininterrumpido. Yo les cuento que mi padre y mis tíos hoy tienen una vejez soñada y que disfrutan de sus hijos y nietos: eso es lo que siempre quisimos y lo logramos gracias a Lomas”.