El domingo por la mañana, en plena guardia del Hospital Santamarina, en Monte Grande, una situación de tensión terminó en una agresión que dejó a dos médicos heridos, uno de ellos con fractura de columna. El episodio volvió a poner en evidencia la creciente violencia contra el personal de salud en la provincia de Buenos Aires.
El hecho ocurrió tras un cambio de turno, cuando los profesionales iniciaban una jornada de 24 horas. Una pareja exigía que se le realizara una sutura a la mujer. Según relató la neuróloga Agustina Funes al Ambito, en ese momento los médicos clínicos estaban atendiendo otras urgencias y aguardaban la llegada del cirujano, de acuerdo con el protocolo habitual.
“Un hombre nos empezó a reclamar que atendiéramos y mi colega le preguntó qué necesitaba. Dijo que era una sutura para su mujer. Le explicó que, en ese momento, estaban los médicos clínicos y a la espera del cirujano que tenía que atenderlos”, relató Funes.
Minutos después de recibir esa explicación, los agresores ingresaron a la sala de médicos a los gritos.
“No habían pasado cinco minutos y, de pronto, la pareja ingresa a la sala de médicos y empiezan a reclamar que los atendiéramos a los gritos. Volvemos a explicarles que se necesitaba al cirujano que se había pedido”, continuó. Cuando el personal intentó retirarlos del lugar, la situación se desbordó.
El hombre tomó del brazo a la profesional y comenzó a insultarla. El jefe de guardia intervino para reiterar el procedimiento de atención. En ese momento se produjo la golpiza.
El médico sufrió una fractura en la columna y un hematoma en el rostro por un golpe directo. La neuróloga resultó con lesiones en el cuello, la espalda y la cara tras recibir golpes y ser tironeada del cabello.
Como consecuencia del ataque, el hospital suspendió la atención habitual y limitó el servicio únicamente a emergencias con riesgo de vida.
Reclamos previos por seguridad
El episodio no fue aislado. Un mes antes, los profesionales habían presentado una nota ante las autoridades del hospital y el municipio para advertir sobre el aumento de agresiones verbales y físicas.
Solicitaron mayor seguridad para evitar que los empujones e insultos escalaran. Como respuesta, se dispuso un refuerzo de guardias municipales en un sector alejado de las áreas consideradas más conflictivas, una medida que el personal consideró insuficiente.
Tras el ataque, se inició una denuncia penal. La pareja se retiró antes de la llegada de la policía, pero la causa seguirá su curso judicial.
La agresión reabre el debate sobre la protección del personal sanitario en centros de salud del conurbano, en un contexto de alta demanda y tensión permanente en las guardias.