Hay objetos que parecen quietos, inmóviles, pero en realidad están cargados de historia. Una silla de ruedas, por ejemplo, puede ser solo una herramienta. O puede ser un recuerdo. Un lugar donde alguien se sentó, sonrió, miró el mundo. Para Natalia Arrieta, esa silla era eso último. Y también algo más.
Natalia vive en Ituzaingó, en el barrio El Martillazo. Es la mamá de Tobías. “Tobi”, como lo nombra ella, sin usar el pasado. Tenía parálisis cerebral de nacimiento y falleció en marzo de 2025, a un mes de cumplir los 18 años. Desde entonces, el duelo sigue abierto.
En medio de ese dolor, Natalia tomó una decisión que terminó cambiándole la vida a otro chico.
La silla de ruedas que usaba Tobías seguía en su casa de Ituzaingó. Era una silla postural, en excelente estado. La misma que la obra social les había negado durante años y que finalmente había llegado gracias a la donación de otra mamá, con una condición muy clara: cuando Tobías ya no la necesitara, debía seguir la cadena solidaria.

Cumplir esa promesa no fue fácil. “Me costó porque ahí Tobi se sentaba y nos regalaba sus mejores sonrisas cuando lo paseaba por casa”, contó Natalia a Primer Plano Online. Durante meses dudó. Sabía que podía ayudar a alguien, pero también sabía lo que significaba desprenderse de ese objeto tan cargado de memoria.
Finalmente, hace cuatro meses, publicó en sus redes sociales que la silla estaba disponible para donar. La respuesta llegó desde Lomas de Zamora.
Una familia de ese distrito del sur del Conurbano bonaerense viajó en colectivo hasta Ituzaingó para buscarla. El destinatario fue un nene de 10 años, diagnosticado con parálisis cerebral y autismo, que llevaba cuatro años esperando —sin respuestas— que su obra social le entregara una silla adecuada. Hasta ese momento, se desplazaba con un andador.
Cuando la mamá y la tía del chico llegaron a la casa de Natalia, no solo se llevaron una silla. Se llevaron una posibilidad nueva. “Me mandaron un video del chiquito feliz, sin querer bajarse”, relató. Gracias a esa donación, ahora puede asistir a la escuela con la comodidad que necesita.
La historia, sin embargo, no termina ahí.
Natalia todavía tiene otros insumos médicos para donar a quienes los necesiten y no puedan conseguirlos por otros medios: potasio en jarabe, aerosol anti escaras, Barex (un medicamento para ayudar al movimiento intestinal) y sondas para aspiración. Para contactarse, dejó el número 11-2544-6272, el celular que usaba Tobías y que ella conserva.
“Tobías murió en mis brazos luego de descompensarse en casa. Lo subimos al auto y cuando llegamos al Hospital del Bicentenario falleció”, recordó. Aun así, cuando habla de su hijo no hay rencor. Hay orgullo. “Yo estoy orgullosa de mi hijo y lo vuelvo a elegir una y mil veces”.
A Tobi le faltaba un mes para cumplir 18 años. Natalia le había prometido hacerle 18 tortas, como cuando cumplió 10. Esa promesa quedó inconclusa, pero apareció otra. “Mientras pueda voy a seguir con esta cadena para que otros nenes tengan calidad de vida. Es mi manera de honrar su memoria y sus ganas de vivir”.
A veces, la solidaridad no empieza con grandes campañas ni con discursos. Empieza en Ituzaingó, con una madre, una silla de ruedas y la decisión —íntima, difícil— de transformar un recuerdo en oportunidad para otro.