Hace unas semanas se viene hablando de la presencia de arsénico en el agua: Datos que inquietan y recomendaciones
A veces, los grandes temas empiezan con una pregunta cotidiana. En Lomas de Zamora, hace unas semanas, esa pregunta se volvió recurrente. En la cola de la panadería, en la puerta del colegio, en un chat de WhatsApp entre vecinos: “Che, ¿el agua está bien? ¿Se puede tomar?” No era paranoia. Un informe del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA), publicado en noviembre de 2025, había encendido una luz roja que rompió la rutina.
El estudio del ITBA analizó más de 350 muestras de agua y concluyó que cerca del 70% del territorio bonaerense superaría los niveles de arsénico recomendados por la Organización Mundial de la Salud. En su mapa, algunas zonas quedaron pintadas de rojo: niveles altos, no aptos para consumo. Otras, en amarillo: valores moderados, que exigen precaución. La concentración más elevada apareció en Guaminí; partidos como 9 de Julio y el Partido de la Costa “triplican el límite recomendado”. Entre los 16 municipios en alerta roja figura Almirante Brown, en el sur del conurbano. Ezeiza y San Vicente también entraron en esa categoría.
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La pregunta, entonces, empezó a correrse hacia los distritos vecinos: ¿qué pasa en Lomas, Lanús, Esteban Echeverría y Quilmes?
Cuando el mapa inquieta
En Esteban Echeverría, algunas zonas aparecían marcadas en amarillo. Esa señal alcanzó para que el Municipio respondiera rápido. Sus técnicos tomaron nuevas muestras en barrios de Canning, Monte Grande y El Jagüel. Todas quedaron por debajo del límite legal argentino (50 µg/L) que establece el Código Alimentario. La aclaración fue directa: el agua de red en Echeverría es segura y seguirá siendo monitoreada de manera periódica.
En Brown, en cambio, el relevamiento del ITBA detectó valores por encima de 50 µg/L en algunos sectores. No en las áreas abastecidas por AySA —como Adrogué, Burzaco, Claypole o las zonas céntricas— sino en aquellas que dependen de agua de pozo. Ahí, el riesgo no es teórico: sin controles regulares, una perforación puede arrastrar lo que la naturaleza dejó bajo tierra durante décadas.
En Lomas, Lanús y Quilmes, la situación es distinta. La enorme mayoría de los hogares está conectada a la red de AySA, que toma su agua del Río de la Plata y mantiene controles constantes. Hasta ahora, no se registraron niveles de arsénico fuera de norma en estas ciudades.
Qué significa el arsénico en el agua
El arsénico no tiene color, no tiene gusto y no avisa. La OMS lo ubica entre las diez sustancias químicas más preocupantes para la salud pública. Su efecto, dicen los médicos, es lento pero persistente. El HACRE —Hidroarsenicismo Crónico Regional Endémico— suele empezar en la piel: manchas, engrosamientos, señales casi imperceptibles. Con los años, puede derivar en enfermedades respiratorias y aumentar el riesgo de cáncer de piel, pulmón, vejiga o riñón. También se lo asocia a trastornos cardiovasculares y metabólicos como la diabetes. Nada de esto ocurre de un día para el otro; es el resultado de una exposición prolongada. Justamente por eso, la pregunta de los vecinos no es trivial.
La respuesta de AySA
Ante la inquietud, AySA intervino con un mensaje de calma: el agua que distribuye “no representa riesgo alguno para la salud”. Según la empresa, toda el área de concesión —incluyendo Lomas, Lanús, Quilmes, Brown y Echeverría— presenta niveles de arsénico muy por debajo de los límites permitidos. Su proceso es monitoreado “minuto a minuto”, desde la captación en el Río de la Plata hasta la llegada al hogar.

Pero AySA hizo una aclaración clave: esto rige únicamente para quienes están conectados a la red. El agua de perforaciones particulares queda fuera de sus controles. Quien usa pozo debe testear su agua.
La diferencia entre la canilla y el pozo
En muchos barrios del conurbano, la distancia entre una casa segura y una en riesgo se mide en metros. Una calle con agua corriente, otra con pozos. Por eso, municipios como Esteban Echeverría ofrecen análisis gratuitos para vecinos que dependan de una perforación. Basta llevar una muestra al laboratorio Bromatológico y obtener un resultado preciso antes de seguir consumiéndola.
En Brown, donde el ITBA detectó niveles por encima del límite, esta advertencia cobra especial importancia: en las zonas sin red, es indispensable analizar el agua antes de usarla para beber o cocinar.
Precauciones que sí sirven
Los especialistas insisten en algo contraintuitivo: hervir el agua no elimina el arsénico; lo concentra. Tampoco sirven los filtros domésticos comunes. Los únicos equipos efectivos son los diseñados específicamente para remover arsénico, como los de ósmosis inversa.
Si una muestra supera los 50 µg/L, lo recomendable es dejar de usarla para beber y cocinar. Conectarse a la red, cuando se pueda, o recurrir a agua embotellada mientras se resuelve la situación. Y si se usa un pozo, realizar análisis periódicos. Es un paso simple que evita riesgos de largo plazo.
Un problema viejo, una responsabilidad actual
El arsénico en las aguas subterráneas es un fenómeno natural y antiguo en Argentina. Pero conocer la situación local es lo que permite actuar a tiempo. En los distritos donde AySA presta servicio, el agua de red está bajo control. El foco, una y otra vez, vuelve a los pozos particulares.