Tenía 90 años. La restitución de Paula Eva Logares, en 1984, marcó un precedente en el uso de pruebas genéticas para recuperar la identidad. Su hija y su yerno, que estuvieron cautivos en el Pozo de Banfield, continúan desaparecidos.
Paula tenía 23 meses cuando salió con sus padres rumbo al Parque Rodó, en Montevideo. Era el 18 de mayo de 1978. Habían buscado refugio en Uruguay para escapar de la persecución política en la Argentina, pero fueron secuestrados antes de llegar. A partir de ese día, Elsa Pavón comenzó a buscar a su hija Mónica, a su yerno Claudio y a su pequeña nieta. El recorrido de aquella tarde quedó documentado en el alegato del Ministerio Público Fiscal sobre el Plan Cóndor.
Elsa murió este jueves 5 de noviembre, a los 90 años. Abuelas de Plaza de Mayo confirmó su fallecimiento mediante un comunicado en el que recordó su trayectoria como una de las fundadoras de la institución y acompañó a Paula y a su familia.
Su búsqueda permitió que una niña recuperara su nombre y volviera a crecer junto a su familia. También abrió un camino para otras restituciones. Pero el reencuentro con Paula no terminó con las preguntas por quienes seguían faltando.
Una historia atravesada por el Pozo de Banfield
Después del secuestro en Uruguay, la familia fue trasladada clandestinamente a la Argentina. En la Brigada de Investigaciones de San Justo, Paula fue separada de sus padres y apropiada por el subcomisario Rubén Luis Lavallén.
Mónica Sofía Grinspon y Ernesto Claudio Logares fueron llevados posteriormente al Pozo de Banfield. Según reconstruyó el Ministerio Público Fiscal a partir de testimonios de sobrevivientes, ambos fueron vistos por última vez en junio de 1978, cuando los sacaron de ese centro clandestino.
Mientras tanto, sus familiares recorrían hospitales, juzgados y colegios en busca de información. El alegato también documenta que Elsa acudió a organismos internacionales y que los Estados argentino y uruguayo negaron información sobre el destino de la familia.
Los años de búsqueda y el regreso de Paula
Paula había sido inscripta como hija propia por Lavallén y su esposa, Raquel Leiró. Según Abuelas, fue localizada en 1983. Con el regreso de la democracia se iniciaron las acciones judiciales para establecer su identidad.
En junio de 1984, las pericias genéticas confirmaron que era Paula Eva Logares. Fue el primer caso en el que la Justicia utilizó esos análisis como prueba de filiación para restituir la identidad de una niña apropiada.
El 13 de diciembre de ese año, Paula volvió a vivir con Elsa, quien la crió. Tenía ocho años y habían pasado más de seis desde el secuestro.
“Mi abuela siempre nos buscó a los tres”, recuerda Paula en la historia que publica el sitio oficial de Abuelas. La frase permite comprender por qué aquella restitución, aun con todo lo que significó, no cerró la búsqueda familiar.
El compromiso que continuó después del reencuentro
Elsa siguió trabajando por los derechos humanos. Integró el grupo fundador de la Asociación Anahí, creada en febrero de 1996 junto a Chicha Mariani y otras compañeras y compañeros. La institución sostiene la búsqueda de niños privados de su identidad y desarrolla tareas de memoria en la Casa Mariani Teruggi.
Elsa pudo reencontrarse con Paula y acompañarla durante su crecimiento. Su hija Mónica y su yerno Claudio continúan desaparecidos. Abuelas mantiene también la búsqueda del hijo o hija que Mónica, embarazada al momento del secuestro, debió tener durante su cautiverio.