Iba a tener 924 departamentos, piletas y un parque. Pero Estrella del Sur quedó a medio construir y sus compradores denunciaron haber sido estafados. La historia del gigante de hormigón que se ve desde el Roca.
Si viajás en el Roca o pasás por la avenida Hipólito Yrigoyen, en Avellaneda, seguramente lo viste. Es ese enorme complejo de torres a medio terminar, junto a las vías, que llama la atención por su tamaño. ¿Qué iba a ser? ¿Por qué quedó así?
Antes de que lo conocieran como el Elefante Blanco, tenía otro nombre: Estrella del Sur. Y para quienes compraron un departamento allí, representaba una posibilidad concreta de dejar de alquilar.
El proyecto prometía 924 viviendas. Hubo compradores que pagaron todas las cuotas y adicionales, pero nunca pudieron mudarse. Con el tiempo, la espera dio lugar a reclamos judiciales y denuncias públicas de estafa.
Un departamento en cuotas y un complejo con piletas
El emprendimiento se puso en marcha a fines de la década de 2000 y la construcción comenzó en 2010. La propuesta era levantar cuatro torres con departamentos, cientos de cocheras y servicios que incluían piletas, gimnasio, un parque y espacios para chicos.
Las viviendas se vendían al pozo: los compradores aportaban dinero mientras se construía el edificio. La posibilidad de pagar en cuotas en pesos hacía que la propuesta resultara atractiva para quienes no podían comprar una propiedad de una sola vez.
También había un nombre que inspiraba confianza. El dinero lo administraba Bapro Mandatos y Negocios, una empresa del Grupo Banco Provincia, mediante un fideicomiso. Las firmas privadas Bainter y Círculo Inmobiliario Emprendimientos participaban del proyecto.
Carolina Fiscardi fue una de las compradoras. Ingresó en 2010, cuando tenía 26 años. En una entrevista publicada por Avellaneda Hoy en 2022, recordó cómo sostenía los dos pagos mientras esperaba mudarse: “Con muchísimo esfuerzo pagaba el alquiler y mi cuota en Estrella del Sur”.

Las torres crecieron pero las llaves no llegaron
Durante los primeros años, la estructura fue ganando altura. Sin embargo, las fechas de entrega se postergaron y la obra terminó paralizada. Las torres estaban levantadas, pero faltaba mucho para que pudieran convertirse en viviendas.
Para los compradores, el problema era especialmente doloroso: habían destinado dinero a un departamento que no recibían, mientras muchos seguían pagando un alquiler. Algunos intentaron organizarse para conseguir que la construcción continuara.
Fiscardi contó que participó de una comisión de adherentes que buscó reflotar el proyecto. Según su testimonio, se habían construido las cuatro torres al mismo tiempo, en lugar de avanzar y entregar por etapas, y el emprendimiento se había desfinanciado.
Los intentos de reactivación no alcanzaron. En 2017 se dispuso la liquidación judicial del fideicomiso. El complejo que se había vendido con la promesa de futuros hogares pasó a tener otro destino: el remate.

Un remate de diez millones de dólares
En abril de 2019, Estrella del Sur salió a subasta con una base de 20 millones de dólares. No hubo compradores. Después de otro intento fallido, el 4 de julio de ese año se vendió por 10.050.000 dólares, con una base que había bajado a 8,5 millones.
El complejo quedó en manos de un grupo empresario. Para los adherentes originales, la venta significó recuperar solo una parte del dinero que habían puesto. Los montos variaron según cada caso.
Juan Carlos Barbeira, otro damnificado entrevistado por Avellaneda Hoy, afirmó en 2022 que había cobrado apenas el 10 por ciento de lo invertido y que continuaba litigando. Detrás de su reclamo había más de cinco años de ahorros y esfuerzos compartidos con su hija.
Así, Estrella del Sur terminó siendo conocido por un nombre que desplazó al del proyecto original: el Elefante Blanco de Avellaneda. Quienes lo miran desde el tren ven una construcción inconclusa. Para quienes pagaron allí su casa, esas mismas torres recuerdan la mudanza que nunca pudieron hacer.