Marta Noemí Mitrovich fue trasladada desde Salta a Lomas de Zamora tras siete meses prófuga: La indagatoria y pedido de prisión preventiva
Marta Noemí Mitrovich, acusada de estafar a una peluquera de Ingeniero Budge mediante supuestos trabajos espirituales, fue trasladada desde San Ramón de la Nueva Orán, en Salta, hasta Lomas de Zamora. Estuvo más de siete meses prófuga. En los próximos días debe declarar ante el fiscal Ignacio Torrigino, que pedirá su prisión preventiva.
La causa que empezó en una peluquería de Ingeniero Budge y terminó en una tragedia entró esta semana en su etapa decisiva. El expediente está a cargo del fiscal Ignacio Torrigino. Con la imputada ya en jurisdicción, los pasos que siguen son dos.
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- La declaración indagatoria, que es el momento en que se le comunican formalmente los hechos que se le atribuyen y ella puede declarar o negarse a hacerlo. Negarse no implica ninguna presunción en su contra: es un derecho.
- El pedido de prisión preventiva, que la fiscalía tiene previsto formular en los próximos días y que deberá resolver el juez de garantías.
La prisión preventiva no es una condena ni un anticipo de condena. Es una medida cautelar que se dicta cuando se considera que existe riesgo de fuga o de entorpecimiento de la investigación. En este caso, siete meses de fuga son precisamente el argumento que la fiscalía tiene a mano.
El caso, desde el principio
Merlín Díaz era peluquera en Ingeniero Budge. Según la acusación, fue convencida de que pesaba sobre ella una maldición y de que necesitaba un ritual para levantarla. Entregó dinero. No lo recuperó. Tiempo después, se quitó la vida.
La causa por la estafa siguió su curso, con una particularidad que la volvió pública: la principal acusada estuvo prófuga durante meses, y en ese período —según se informó cuando fue detenida en agosto— seguía ofreciendo el mismo tipo de servicios en Salta.
Cómo funciona la maniobra
El esquema que describe la acusación es viejo y sigue funcionando. No se apoya en la credulidad de la víctima sino en su desesperación: casi siempre aparece en un momento de enfermedad, de crisis económica o de duelo.
La secuencia suele ser la misma. Primero, un diagnóstico: hay una maldición, un daño, un trabajo hecho en contra. Después, una solución que exige dinero, y que rara vez es una sola vez. Y por último, el elemento que sostiene todo: el secreto. A la víctima se le indica que no lo cuente, porque contarlo rompería el efecto. Ese aislamiento es lo que impide que alguien cercano frene la maniobra a tiempo.
Para cuando la persona se da cuenta, entregó mucho más de lo que puede admitir en voz alta. Y ahí aparece la vergüenza, que es la razón por la que la mayoría de estos casos no llega nunca a una denuncia.
Qué hacer si te pasa a vos o a alguien cercano
La estafa se denuncia. No hace falta haber entregado una suma grande ni tener recibos: se denuncia igual, en la comisaría o directamente en la fiscalía. Y no hay ningún motivo para tener vergüenza: la maniobra está diseñada por gente que la practica hace años.
Si alguien de tu entorno empieza a entregar dinero por un supuesto trabajo espiritual y pide que no lo cuentes, ese pedido de silencio es la señal.