Semanas con jornadas grises, humedad y apenas algunas horas de sol dejaron una sensación bastante repetida entre quienes viven en el Conurbano: este invierno parece especialmente nublado. El fenómeno tiene una explicación meteorológica y El Niño aparece como uno de los factores a tener en cuenta.
Salir de casa por la mañana y encontrarse otra vez con el cielo completamente gris se convirtió casi en una postal habitual durante las últimas semanas en el AMBA.
No necesariamente llueve. Muchas veces tampoco hace un frío extremo. Pero las nubes permanecen durante buena parte del día y, cuando finalmente aparece el sol, en algunos períodos dura apenas unas horas antes de que el cielo vuelva a cubrirse.
La sensación no se limita al Conurbano. Durante este invierno se registraron períodos prolongados de abundante nubosidad en distintas zonas del centro del país.
¿Por qué hay tantos días nublados?
Para entender lo que sucede hay que mirar algo más que el pronóstico de cada jornada.
Durante junio comenzaron a cambiar las condiciones del océano Pacífico ecuatorial. En ese momento, el Servicio Meteorológico Nacional estimaba alrededor de un 90% de probabilidades de desarrollo de El Niño durante el trimestre junio-julio-agosto.
Un mes después el cambio ya era más evidente.
En su informe de julio, el SMN señaló que las condiciones eran consistentes con una fase cálida o El Niño y que existía una probabilidad cercana al 100% de que continuara durante el trimestre julio-agosto-septiembre.
El fenómeno se produce cuando aumentan las temperaturas del agua superficial en sectores del Pacífico ecuatorial y se modifica la circulación atmosférica a gran escala.
Eso no significa que El Niño provoque automáticamente un día nublado en Lomas de Zamora, Lanús o Almirante Brown. Pero sí puede cambiar el escenario general sobre el que se desarrollan los sistemas meteorológicos.
Más humedad disponible
En Argentina, El Niño suele asociarse con una mayor probabilidad de precipitaciones en determinadas regiones, especialmente hacia el centro y el Litoral.
Una atmósfera con mayor disponibilidad de humedad, combinada con sucesivos sistemas de baja presión, vientos provenientes del este o sudeste y situaciones de poca circulación, puede favorecer que las nubes permanezcan durante muchas horas.
El resultado es conocido: jornadas en las que amanece cubierto, las nubes permanecen durante toda la tarde y el sol prácticamente no aparece.
Y si esa configuración se repite varias veces dentro de una misma semana, la sensación termina siendo la de atravesar varios días consecutivos sin sol.
El invierno también hace que se note más
Hay otro factor que aumenta esa percepción.
Durante el invierno los días naturalmente tienen menos horas de luz que durante el verano. Por eso, cuando las pocas horas disponibles quedan además cubiertas por nubosidad, la diferencia resulta mucho más evidente.
Una seguidilla de cuatro o cinco jornadas grises en julio o agosto puede sentirse considerablemente más prolongada que una situación similar durante los meses de verano.
La nubosidad también limita el calentamiento durante el día y, sumada a la humedad, puede generar una sensación térmica bastante diferente incluso cuando las temperaturas no son extremadamente bajas.
¿Es realmente un invierno excepcionalmente nublado?
Por ahora conviene ser prudentes.
Los registros meteorológicos permiten comprobar períodos de abundante nubosidad durante este invierno, pero todavía no hay un balance climático definitivo que permita afirmar que 2026 haya sido uno de los inviernos más nublados de la historia del AMBA.
Para establecerlo sería necesario comparar la cantidad de horas o días con cielo cubierto de estaciones meteorológicas de la región con sus promedios históricos.
Lo que sí está confirmado es el cambio ocurrido durante los últimos meses en el Pacífico: en junio las condiciones todavía eran consideradas neutrales y hacia julio el SMN ya las clasificaba como consistentes con El Niño.
Y ese nuevo escenario puede ayudar a entender por qué, durante estas semanas, mirar hacia arriba muchas veces significó encontrarse exactamente con lo mismo: nubes, humedad y muy poco sol.