La resolución tuvo lugar en los tribunales lomenses
Después de seis años señalada como responsable del crimen de su hija, Zaida Mamani fue absuelta por un jurado popular en Lomas de Zamora. El tribunal entendió que no existían pruebas directas que la vincularan con el asesinato de la niña de diez años.
Joselin fue hallada sin vida en la cocina de su casa, con 74 puñaladas, en un entorno sin signos de violencia externa. Las puertas estaban cerradas, no había desorden, y solo faltaban unas llaves. La escena dejó más interrogantes que certezas, y la investigación nunca logró resolverlos del todo.
El contexto familiar era complejo y estuvo atravesado por vínculos afectivos tensos, pobreza estructural y una convivencia forzada por motivos económicos. La causa judicial derivó hacia la figura de la madre, pese a la ausencia de pruebas sólidas. El proceso dejó en evidencia las limitaciones de una investigación plagada de falencias.
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Una causa sin pruebas contundentes
A lo largo del juicio declararon más de veinte personas, pero ninguna con conocimiento directo de los hechos. No hubo testigos presenciales, ni material audiovisual, ni ADN que incriminara de forma clara a Zaida Mamani. Las pruebas eran circunstanciales, y muchas líneas de investigación quedaron sin explorar.
Entre los puntos débiles de la instrucción se destacan pericias incompletas, celulares sin analizar a fondo y la falta de seguimiento a huellas y rastros encontrados en la escena. Las pistas apuntaban en varias direcciones, pero se concentró la atención en la figura materna. Una vez más, el foco pareció dirigirse hacia quien tenía menos herramientas para defenderse.

El dolor y la sospecha como condena
Durante años, la propia Zaida reclamó justicia por la muerte de su hija, hasta que el mismo sistema judicial la convirtió en sospechosa. La imputación por homicidio agravado por el vínculo y la alevosía marcó un antes y un después. El proceso judicial avanzó más sobre su historia personal que sobre los indicios del crimen.
La causa, sin embargo, había incluido desde el inicio otros nombres: el de su ex pareja, con quien compartía la vivienda, y el del hijo de este, que mantenía una relación sentimental con ella. También se mencionaron vecinos del barrio, pero esas líneas quedaron desdibujadas con el paso del tiempo.

Una herida que no cierra
La familia Mamani insiste en que el asesinato de Joselin no puede quedar sin responsables. El abogado defensor pidió que se retomen las pistas originales, que incluyen a Carlos Correa, Rubén Correa, Belén Beloso y Jonathan Meriles. El futuro de la causa depende ahora de si la justicia decide avanzar o archivar definitivamente.
El caso refleja con crudeza cómo operan ciertos mecanismos judiciales en los márgenes del conurbano bonaerense. Cuando faltan recursos, el foco se pone sobre los más vulnerables, sin garantías plenas ni investigaciones exhaustivas. Y cuando se descarta a un acusado, muchas veces no se vuelve sobre los otros caminos.
La absolución de Zaida no cierra la historia. Más bien, marca el inicio de una nueva etapa de incertidumbre. Joselin sigue siendo una niña brutalmente asesinada en su casa, sin que nadie pueda explicar qué pasó. Y la comunidad, otra vez, queda atrapada en una trama de violencia, silencio y falta de respuestas.